Alguien pronuncia mi nombre de una manera preciosa. Es lo primero que oigo cuando despierto. El sol me acaricia el rostro suavemente, pero estoy demasiado cansada como para abrir los ojos o siquiera hablar. No hago caso e intento continuar durmiendo.
La dulce voz sigue llamándome, y aparta un mechón de mis cabellos rubios y lacios de mi rostro. No tengo la menor intención de levantarme, así que me doy la vuelta y me coloco la almohada sobre la cabeza. La voz ríe.
- Si no te levantas, corres el riesgo de quedarte sin desayunar.- me amenaza.
- Mm… Eso es chantaje. Márchate.- balbuceo. No sé a quién le hablo, no recuerdo dónde estoy ni qué hora es. Sólo sé que quiero seguir durmiendo.
- Ni hablar.- ríe la voz. Entonces, siento una mano grande, suave y cálida deslizarse por mi cintura y apretarme en un punto determinado en el abdomen, haciéndome pegar un brinco de las cosquillas. Río, apartándome.
- ¡Eh!- grito, apartando la mano de un manotazo. Pero ésta vuelve a la carga, y me hace cosquillas hasta que abro los ojos.
La primera impresión que tengo es que un ángel está sentado en mi cama, sonriéndome. Pero luego recuerdo que no estoy en mi casa de España, sino el Los Ángeles en casa de Michael Jackson.
- Mm… ¿Michael?- balbuceo, medio dormida. Él sonríe.
- Buenos días, bella durmiente.- me susurra, pero luego se sonroja intensamente, reprochándose no saber controlar su lengua.
- ¿Qué… qué hora es?- pregunto, sacándole del aprieto.
- Las diez.- responde él, aún sonrojado.- Ayer me dijiste que te parecía bien…- añade, preocupado. Yo asiento con la cabeza y levanto el dedo pulgar, en señal de “ok”, pero me doy la vuelta y vuelvo a cerrar los ojos.
- Eh, eso sí que no.- ríe, y vuelve a hacerme cosquillas.
- Está bien… Pero sólo porque tengo hambre.- murmuro, y me resigno a levantarme. Me destapo sin reparos, sin recordar que aún estoy en ropa interior, como anoche. Michael no puede evitar verme. No quiero presumir, pero tengo un buen cuerpo; el joven lo recorre con los ojos muy abiertos varias veces, asimilando la situación. Yo me vuelvo a tapar apresuradamente.
- Oh…- murmura, sonrojándose a más no poder y dándose la vuelta, rápidamente.- Lo siento, lo siento… Yo… te espero fuera, ¿vale?
- Tal vez sea lo mejor…- balbuceo. Él se va apresuradamente, muy ruborizado.
Después de esperar unos instantes, reflexionando sobre la situación, me visto, me arreglo y hago la cama. Salgo al pasillo, donde Michael me espera, jugando con uno de sus oscuros ricitos.
- ¿Ya estás lista?- me pregunta, y asiento. Michael se levanta con un ágil salto, y me guía por el laberinto de pasillos y habitaciones hasta el comedor.
La gran mesa que tanto me llamó la atención ayer está repleta de alimentos para un desayuno (zumos, leche, cereales, tostadas, galletas, mermeladas, aceite, mantequilla, frutas, ensaimadas, palmeras de chocolate…), y sentados alrededor de ella hay varias personas; Joseph, Katherine y Janet, a quienes ya conozco. Luego, cuatro chicos, todos algo más mayores que Michael y de edades parecidas, muy similares; rizos negros, ojos oscuros, piel color chocolate y grandes sonrisas. También hay una adolescente más joven que yo, muy hermosa y parecida a Janet, y una chica que parece la mayor, ya madura y con la misma mirada que tiene Katherine.
Al lado de su madre, hay un niño pequeño. Tal vez tenga ocho o nueve años, y es muy, muy lindo. Tiene cara de tener mucho sueño, y de haber sido sacado de la cama por la fuerza. Michael carraspea, y entonces todos le miran.
- Hey, chicos.- dice, respondiendo a las miradas interrogantes de su familia.- Os presento a Blanca. Ha venido desde España, y va ha quedarse con nosotros un tiempo para perfeccionar sus habilidades musicales.- sonríe.
- Hola.- dijo, sonriendo con timidez. Todos sonríen a su vez y me responden, excepto la chica adolescente.
- Blanca, ellos son mis hermanos Jackie, Tito, Jermaine y Marlon.- luego señala a la adolescente.- Ella es La Toya , ella Rebbie- la mayor- y a Janet ya la conoces. Y ese- señala al niño pequeño, y repara en que se ha dormido sobre sus cereales.- es Randy.- suelta una suave carcajada.
- Encantada de conocerles.- murmuro, ruborizada. Todos asienten y dicen lo mismo menos La Toya , que está algo enfurruñada.
- Hey, Mike, ¿ya encontraste novia, hermanito?- dice Jermaine guiñándome un ojo, y todos ríen. Michael pone los ojos en blanco y se sonroja, pero no tanto como yo.
- No les hagas caso, Blanca.- me sugiere Janet, amigablemente.- Y siéntate con nosotros a desayunar.- invita. Marlon me hace un hueco, y todos los demás ríen por una broma que yo desconozco. Michael les lanza una mirada asesina.
- Oh, perdón, vemos que Michael se muere por sentarse a tu lado.- dice entonces Marlon, guiñándole un ojo a su hermano y volviendo a ocupar el hueco.
- Cierra el pico.- espeta Michael, muy sonrojado, y me dice:- No les hagas caso, se aburren.
- Dejad a la pobre chica en paz.- exclama Katherine, en tono cansado. Me sonríe y me señala una silla a su lado, donde voy a sentarme. Michael, por su parte, va hacia Randy y lo toma en brazos, despertándole con dulzura. Descubro mucha, mucha ternura en sus ojos.
Desayuno un zumo de naranja, una tostada con mermelada y leche con cereales de chocolate. Todo estaba delicioso; yo nunca había comido tantas cosas de calidad juntas en mi vida, y nunca había estado en una casa tan grande. En este tiempo, me veo obligada a responder a todo tipo de preguntas que me formulan los miembros de la familia de Michael.
- ¿Qué piensas hacer el Los Ángeles?- se interesa Janet.
- Bueno, al traerme, Quincy me dijo que iba a empezar una carrera musical. No sé muy bien como funciona eso.- reconozco. Michael sonríe.
- Yo te ayudaré. Es más sencillo de lo que parece, ya verás. Limítate a exponer tu talento, el resto llega solo.
- ¿Cómo te encontró Quincy?- me pregunta entonces Katherine.
- Gané un concurso musical y él lo presenció. Luego me dijo que había estado escuchándome cantar y tocar desde que yo tenía 10 años.
- ¿Estás en el mundo musical desde entonces?
- Bueno, sí, pero casi nadie me conocía. Tan sólo cantaba para la escuela o en la radio regional.- admito, avergonzada. Sé que cada una de esas personas en famosa desde los 5 años.
- Bueno, algo es algo. Me parece un buen comienzo.- asegura Rebbie, guiñándome un ojo. Le sonrío, agradecida.
- Y dime, Blanca.- empieza Jackie, con una sonrisa pícara.- Tan solo por curiosidad… ¿Tienes novio?- y todos los chicos, menos Randy y Michael, se ríen. Este último le lanza una mirada asesina a su hermano, mientras yo me sonrojo intensamente y bajo la mirada.
- No.- digo, inocentemente.
- Cuidado, Jackie; Michael se pone celoso.- y todos se vuelven a reír.
- Basta ya, chicos.- ordena Katherine, severa. Todos se callan casi instantáneamente, y Michael mira con amor a su madre.
- Como ves, mis hermanos son una pesadez.- me dice Michael al oído. Asiento con una media sonrisa.- Si has acabado, creo que podemos irnos.- Estoy de acuerdo con la idea, así que nos levantamos, decimos adiós a todos y vamos a nuestras respectivas habitaciones, a arreglarnos.
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