jueves, 9 de junio de 2011

Capítulo IV: He Is So Sweet...

Después de que Quincy se marche (tiene que coger un avión a medianoche para ir a Nueva York, donde él vive), Michael me muestra una habitación que está al lado de la suya, y me pregunta que si me gusta. Es fantástica. Tiene el suelo de madera, armarios preciosos, una cama doble y un balcón.
Respondo que es fantástica, y Michael me dice que está en la habitación de al lado, por si necesito cualquier cosa. Él llama a su sirviente para que deje allí mi equipaje.
-         Hey, ¿qué pasa?- dice de pronto una voz suave y femenina el en pasillo. Michael y yo nos asomamos fuera de la habitación. Me encuentro cara a cara con una muchacha joven, tal vez de mi edad, con ojos oscuros y profundos, grandes y con pestañas largas, labios carnosos y piel color café.
-         Hola, Janet.- sonríe Michael, besándola en la mejilla.
-         Hola Michael. ¿Quién es tu… amiga?- me sonríe con una sonrisa preciosa, y le guiña un ojo a Michael. Él se sonroja muchísimo.
-         Eeeh no, no es eso…- balbucea.- Janet, ella es Blanca, ha venido desde España y va a quedarse un tiempo con nosotros… Blanca, ella es Janet, mi hermana pequeña…
-         Hola, encantada.- le sonrío, tendiéndole una mano. Ella la ignora y me abraza.
-         Lo mismo, linda.- se vuelve hacia Michael, fingiendo enfado.- ¿Viene una invitada y no me avisas?
-         Es que creí que estabas durmiendo.- se excusa él, pero con una sonrisa angelical.
-         Sí, seguro.- hace una mueca y me mira, radiante.- Pues bienvenida, entonces. ¿Cuántos años tienes?
-         Diecisiete.- contesto yo, sonriendo.
-         ¡Igual que yo! Y dime, ¿a qué has venido a Los Ángeles?- pregunta. Pero, antes de que yo pueda contestar, Michael me rescata.
-         Por favor, Janet, está muy cansada. Mañana hablaremos.- dice. Su hermana le saca la lengua, y luego me sonríe:
-         De acuerdo, perdona. Hasta mañana, que descanses.- me desea.
-         Gracias, Janet, igualmente.- digo.
-         Buenas noches, dulces sueños. Llámame si necesitas algo.- me dice Michael, sonriendo. Yo le deseo lo mismo y se lo agradezco. Luego les sonrío a ambos, y me meto en mi habitación. Cierro la puerta y me echo a la cama. A pesar de todas las amabilidades de Michael, Katherine, Janet y Quincy, sólo tengo ganas de llorar. Me siento culpable por haber entrado de esta manera en la vida de mi ídolo, y siento que ya está todo perdido con él. Y todo empeora cuando escucho la conversación de Michael y Janet, que están hablando en la habitación contigua, donde duerme él.
-         ¿Estás bien?- susurra Janet.
-         Sólo me dio un par de veces.- responde Michael. Janet suspira.
-         Lo siento mucho, Michael. Haber, déjame ver. Ah si, aquí, se te ve rojo.
-         ¿De veras?
-         Sí, y bastante.
-         ¿Crees que Blanca se ha dado cuenta de que me ha pegado por su culpa?
-         Hay que ser ciego y tonto como para no darse cuenta, y creo que ella no es ninguna de las dos cosas.- murmura su hermana. Oigo a Michael suspirar, abatido, y sentarse en la cama.
-         ¿Se enfadó mucho?- pregunta Janet.
-         Bastante. Es que… verás, primero él creyó que… bueno, lo que tú creíste.
-         Ya. Es que os veis realmente bien, Mike, parecéis hechos el uno para el otro.
-         Janet…
-         Perdona.- ella ríe.- Sigue, sigue.
-         Y me dijo que ella no se quedaría de ninguna manera.
-         ¿Y tú?
-         Yo le dije que se quedaría, que además ya había hablado con Quincy…
-         Y él se enfadó.
-         Sí.- reina el silencio durante unos minutos. Me parece que ambos hermanos se están abrazando, pero no estoy segura. Yo, por mi parte, no puedo controlar el llanto. Soy una estúpida, debería haberme quedado en España con mis padres y mis amigas.
Sin que pueda evitarlo, mis sollozos se van haciendo más y más fuertes, y acabo llorando a lágrima viva, intentando hacerlo bajito, para no advertir a Michael o Janet. Pero mi plan sale mal.
De pronto, llaman a la puerta. Me sobresalto y suelto un hipido.
-         ¿Blanca? ¿Puedo pasar?- pregunta Michael suavemente al otro lado.
-         No…- murmuro, con la voz quebrada.
-         Hey… ¿Estás bien?- y, sin que yo pueda evitarlo, Michael abre la puerta y pasa. Me doy la vuelta para que no me vea y me limpio como puedo las lágrimas, pero salen más y mis ojos están enrojecidos.

Siento el peso de Michael en la cama; se ha sentado a mi lado. Me abraza delicadamente por detrás.
-         Eh, eh…- me susurra dulcemente al oído, mientras yo lloro en silencio.- ¿Qué te ocurre?
-         Nada.- digo con la voz ahogada.- Lo siento mucho, Michael, de verdad…
-         ¿El qué sientes?- él me voltea hacia sí. Es tan hermoso…
-         Haber llegado así tan de pronto, haberte hecho esta faena, que tu padre te haya pegado por mi culpa…
-         ¿Qué estás diciendo?- Michael se sonroja mucho.- Yo…
-         No, no te preocupes, Michael… Mañana hablaré con Quincy y volaré de vuelta a España…- él me atrae hacia sí y me abraza. Apoyo la cabeza en su pecho y él me besa en la frente.
-         No hagas eso…- me susurra al oído.- Nada es como crees…
-         Lo siento…- sollozo. Mis lágrimas mojan su camiseta y su cuello, pero no parece importarle.
-         Hey, creo… creo eres una chica maravillosa y estoy muy contento de que te quedes en mi casa... No te has puesto a chillar al verme, has sido tan educada y tan amable, no te has comportado como una fan histérica… Eres especial.- asegura. Me sonrojo y él también. Se muerde el labio inferior, avergonzado.
-         No es verdad…- murmuro.
-         Sí lo es.- y nos quedamos así un tiempo, en silencio. Me doy cuenta de que he dejado de llorar; es más, ahora me siento muy a gusto, envuelta en Michael. Huele dulcemente, y puedo notar su respiración acompasada y su barbilla sobre mi cabeza.
-         Gracias.- murmuro. Sé que sonríe aunque no le vea.
-         Me alegro de que estés mejor.- dice.- Mira, empecemos de nuevo, ¿qué te parece?
-         Yo…
-         Tú no has hecho nada malo.- me interrumpe él.- Hola, yo me llamo Michael, ¿y tú?- no puedo evitar sonreír intensamente. Me aparto algunos mechones de cabello dorado de la cara, y respondo débilmente:
-         Yo soy Blanca…
-         Fantástico. Bienvenida a mi casa. Mañana te despertaré para desayunar, ¿de acuerdo?
-         Genial, ¿a qué hora?- pregunto, ya casi animada.
-         ¿A las diez?
-         Perfecto. Muchas gracias, Michael…
-         De nada. Espero que estés mejor, y que tengas una feliz estancia aquí…
-         Gracias.- le sonrío. Y, dicho esto, sale de mi cuarto, cerrando la puerta con suavidad. Mi tristeza ha sido sustituida por la alegría y el cariño. Y, sin molestarme en ponerme el pijama, me tumbo en la cama en ropa interior. Es cómoda y suave, y antes de que pueda darme cuenta, me he dormido con una dulce sonrisa en los labios…

4 comentarios:

  1. Me gusta mucho esta novela! También he leído la que has usado de inspiración, la verdad es que el tema es genial!
    Un saludo y no dejes de escribir! :)

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  2. Guao cariño, si que encontraste la novela rápido jaja! :D Me alegro de que te guste, y coincido contigo en que la novela de Sarah es maravillosa! Esta aún no la tengo terminada, pero estoy de exámenes y tengo poco tiempo para escribir y subir! Pero prometo publicar pronto de nuevo! Muchos besos guaísima!! :)

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  3. Pues ya ves, me las paso buscando historias nuevas! jaja
    Yo acabo de terminar los exámenes, ahora a vivir la vida! Suerte con los que te quedan a ti, y espero impaciente los nuevos capis! Besos!

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  4. Jaja! :D Yo también acabo de terminar de exámenes, hoy he tenido el último... En fin, creo que han ido bastante bien... Subiré un capítulo cada viernes, vale? Un beso guapa!! :)

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